VIVIR CON SOBREDOSIS DE CONCIENCIA
Inteligentonto es una novela sobre la inteligencia cuando deja de ser una herramienta de emancipación y se transforma en una coartada para la inacción. Tras el episodio de su padre, Gonzalo abandona Mendoza, su ciudad de origen, y se instala en Buenos Aires con la intención de recomponer su vida. El desplazamiento, sin embargo, no inaugura una narración de progreso sino una experiencia de desgaste: trabajos sin horizonte, relaciones afectivas inestables, amistades marcadas por el silencio y figuras de autoridad que prometen sin responder. La ciudad no aparece como escenario sino como sistema: un entramado que administra el tiempo, la expectativa y la frustración.
Crítica Literaria
Crítica Literaria


M. E.


La novela se construye desde una primera persona lúcida y autocrítica, que observa su propia deriva con ironía y melancolía. Gonzalo piensa demasiado, siente tarde y decide poco. En ese movimiento reconoce una forma de estar en el mundo que nombra como “inteligentonto”: alguien que comprende las estructuras que lo condicionan, pero no logra salir de ellas; alguien que convierte la reflexión en refugio y la lucidez en anestesia.
Los personajes que lo rodean no funcionan como motores de conflicto clásico sino como figuras de contraste: el amigo que vive sin teorizar, la mujer deseada que actúa como proyección afectiva, el mentor ausente que encarna la promesa de legitimación siempre postergada. La trama avanza por acumulación más que por giros, privilegiando la experiencia subjetiva sobre el acontecimiento.
Lejos de la auto ficción terapéutica o de la novela de tesis, Inteligentonto propone una ética antiética y contemporánea: no hay redención, ni aprendizaje cerrado, ni moraleja. Hay, en cambio, una exploración honesta de una sensibilidad generacional marcada por la precariedad, el exceso de conciencia y la dificultad para conectar con el otro en un mundo que vive de las apariencias mientras exige estar vivo.
La novela apuesta por una escritura legible, contenida y precisa, que confía en el lector y evita el subrayado. Su interés no reside en explicar una época, sino en habitarla desde la intimidad de una voz que no se absuelve.
VIVIR CON SOBREDOSIS DE CONCIENCIA
Inteligentonto es una novela sobre la inteligencia cuando deja de ser una herramienta de emancipación y se transforma en una coartada para la inacción.
Tras el episodio de su padre, Gonzalo abandona Mendoza, su ciudad de origen, y se instala en Buenos Aires con la intención de recomponer su vida. El desplazamiento, sin embargo, no inaugura una narración de progreso sino una experiencia de desgaste: trabajos sin horizonte, relaciones afectivas inestables, amistades marcadas por el silencio y figuras de autoridad que prometen sin responder. La ciudad no aparece como escenario sino como sistema: un entramado que administra el tiempo, la expectativa y la frustración.
La novela se construye desde una primera persona lúcida y autocrítica, que observa su propia deriva con ironía y melancolía. Gonzalo piensa demasiado, siente tarde y decide poco. En ese movimiento reconoce una forma de estar en el mundo que nombra como “inteligentonto”: alguien que comprende las estructuras que lo condicionan, pero no logra salir de ellas; alguien que convierte la reflexión en refugio y la lucidez en anestesia.
Los personajes que lo rodean no funcionan como motores de conflicto clásico sino como figuras de contraste: el amigo que vive sin teorizar, la mujer deseada que actúa como proyección afectiva, el mentor ausente que encarna la promesa de legitimación siempre postergada. La trama avanza por acumulación más que por giros, privilegiando la experiencia subjetiva sobre el acontecimiento.
Lejos de la auto ficción terapéutica o de la novela de tesis, Inteligentonto propone una ética antiética y contemporánea: no hay redención, ni aprendizaje cerrado, ni moraleja. Hay, en cambio, una exploración honesta de una sensibilidad generacional marcada por la precariedad, el exceso de conciencia y la dificultad para conectar con el otro en un mundo que vive de las apariencias mientras exige estar vivo.
La novela apuesta por una escritura legible, contenida y precisa, que confía en el lector y evita el subrayado. Su interés no reside en explicar una época, sino en habitarla desde la intimidad de una voz que no se absuelve.
Crítica Literaria
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M.E.

